Ya llovió desde que pude fotografiar a este larguirucho paseándose por la plataforma madrileña. Y ya llovió, literalmente, porque poco después de tomar esta instantánea fuimos víctimas de un chaparrón como pocos me he comido en la vida. Ni que decir tiene que llegó a mojárseme el equipo fotográfico... ¡que llevaba dentro de la mochila!