Precioso atardecer que se pudo observar desde la ventanilla, en la que me pude sentar gracias a un señor muy amable, que me la cedio al ver que me gustaban los aviones. A el va dedicada.
Hasta que los aviones no puedan dar las largas, o tocarnos el claxon, seguiremos disfrutando de los saludos de los mejores comandantes y de el despliegue de la parte posterior de las alas... Maravilloso!!!